Contigo nunca es siempre

¿Hasta dónde llegarías por amar y sobrevivir?

Hace mucho tiempo que Dalia dejó de creer en las hadas y en los cuentos que terminan con «… y fueron felices y comieron perdices». A sus veintitrés años, solo ha encontrado el amor verdadero en el negocio de su familia: una granja de flores y una pequeña floristería.

Su historia empieza a reescribirse cuando ve a Helios. Lo ve por primera vez colándose en el jardín de la casa de su abuelo, a la que Dalia acaba de mudarse con su mejor amiga, Ari. Es un joven aparentemente normal a ojos de todo el mundo… Excepto a los de Dalia, pues parece que es la única que puede ver el manto de luz, similar a un par de alas, que emerge de su espalda. Está claro que solo puede ser un hada.

Acierta a medias: Helios es, en realidad, un joven proveniente de un mundo paralelo que ha viajado al nuestro en busca del príncipe al que lleva media vida protegiendo. Helios y Dalia hacen un trato: ella le ayudará a buscar a su príncipe (llamado Bal) a cambio de que él le hable sobre su mundo; quizás así descubra por qué puede ver sus alas. Helios, tan calculador y encantador como las hadas de nuestra mitología, teje su red sin que Dalia se dé cuenta de que cada paso está perfectamente medido para ganarse su confianza.

Así, tras conversaciones en que retrata su mundo como un lugar idílico, revelaciones como la existencia de la magia o que Helios duerme en una cueva, este acaba consiguiendo que Dalia se ofrezca a acogerlo en su casa…