A morir

Broemmel & Castagna trabajan en un cyber. Un inframundo que atrae adolescentes compulsivos, solitarios de mirada turbia y dealers hacia la luz titilante de las pantallas. En ese rectángulo de paredes despintadas y fachada decadente, la desaparición del cliente principal transformará sus vidas en una novela de detectives alucinógena.
Una historia con la atmósfera de los VHS de los años 80, atravesada por teorías conspirativas sobre invasiones alienígenas que laten bajo los mostradores de restaurantes chinos. Aparecen cenicientas cumbieras con ratones como escuderos que corren por sus vestidos en plena pista de baile, motoqueros que queman llantas citando a Byron y Pappo, mujeres fatales escapadas de un videoclip de Babasónicos y adictos que transitan el calvario de la madrugada. La trama se mueve entre nubes de brillantina, estaciones de servicio espectrales y escritores del indie porteño.
Como Burroughs y Kerouac, Borges y Bioy o Phillip K. Dick y Roger Zelazny, en A morir Christian Broemmel y C. Castagna siguen la extensa tradición de escritores amigos que se juntan por el placer de imaginar y escribir. Y, en el proceso, construyen un adoratorio. Un lugar para invocar el placer de las primeras lecturas, el asombro del cine que lleva lejos y el encantamiento de la literatura.

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