Miguel de Unamuno

Bilbao · 29.9.1864 – Salamanca · 31.12.1936

Escritor y filósofo español. Estudió en Bilbao el Bachillerato y continuó luego sus estudios de Filosofía y Letras en Madrid terminándolos finalmente en Bilbao. En 1891 Miguel de Unamuno consiguió la cátedra de griego en la Universidad de Salamanca de la que fue rector.

Perteneció al Partido Socialista Obrero Español entre los años 1894 y 1897. Durante esos años publicó innumerables artículos en revistas de izquierdas. En la Primera Guerra Mundial tomó partido por el lado aliado y criticó a la Monarquía. Por ello, fue destituido de su cargo de rector en la Universidad. Por su oposición a la Dictadura de Primo de Rivera, fue desterrado de 1924 a 1930, primero en Fuerteventura y, más tarde, en Francia.

En 1930 Unamuno volvió a España y se sumó a los republicanos. Sin embargo, pronto comenzarían sus críticas hacia el gobierno y acabó defendiendo a los sublevados durante la Guerra Civil. Pero no duraría tampoco mucho tiempo su acercamiento al nuevo régimen; en octubre de 1936 se enfrentó en la Universidad de Salamanca con el general Millán Astray; fue detenido y sometido a arresto domiciliario hasta que el último día del año 1936 le sobrevino la muerte.

Su vida fue una constante lucha, un esfuerzo por conseguir siendo, y un constante debatir con la muerte. Gustaba Unamuno de llamar siempre la atención y dejar huella allí donde pasara. No es extraño por ello que se viera inmerso en múltiples polémicas. Su pensamiento se afinca en dos grandes temas: España y el sentido de la vida. Estas dos cuestiones serán motivo de sus mejores ensayos, poemas y obras teatrales.

Después de pasar una crisis que le hizo perder la fe, se vuelca fundamentalmente en los problemas de España. Son estos años de militancia socialista. De ahí salieron ensayos como En Torno al Casticismo, Por Tierras de Portugal y España, Andanzas y Visiones españolas o Vida de Don Quijote y Sancho.

A los treinta y tres años, vuelve a caer en crisis, pero esta vez, sin abandonar la cuestión de la vida española, se centrará en los problemas espirituales y el sentido de la vida. Unamuno se somete a un conflicto entre la razón, que no admite un ser Supremo, y el corazón, que necesita desesperadamente de la ayuda de Dios. Esto, unido a su agonía por la muerte y su anhelo de inmortalidad, le llevarán a escribir ensayos como Del Sentimiento tragico de la Vida y La Agonía del Cristianismo.

Cultivó con similar magnitud todos los géneros literarios. Su primera novela fue Paz en la Guerra, una “intrahistoria” sobre la guerra carlista. En 1902 escribirá Amor y Pedagogía, una novela que rompe los moldes de la narrativa del momento y se acerca más al ensayo. Más tarde, publicará Niebla, una vuelta a las técnicas anteriores y a la que el mismo autor bautizó como “nivola” en vez de novela. En ella el escritor se vuelve personaje y entra en conflicto con el protagonista que arremete contra su propio creador.

Otras obras serán Abel Sánchez, La Tía Tula y San Manuel Bueno, Mártir. En estas novelas el tiempo y el espacio no importan demasiado y se da paso principalmente a la concentración de la acción y al desarrollo de los conflictos del mundo interior de los propios personajes.

En lo que respecta a sus poemas, Unamuno tiene una amplia obra poética. Los temas tratados en sus poemas son los mismos que en su prosa: la duda existencial, la religiosidad, los problemas filosóficos, etc. Entre otros, publicó poesías El Cristo de Velázquez, Rimas de dentro y Romancero del Destierro. En 1953, se publicó Cancionero, obra póstuma que incluye hasta los últimos poemas del autor.

En cuanto al teatro, Unamuno escribió un centenar de obras, aunque solamente alrededor de 14 quedaron completamente terminadas. Con su creación dramática trata de romper con los moldes del teatro de su época. El autor considera que el teatro debe acercarse a la tradición popular, así como educar al espectador. No es extraño por ello que en sus obras predomine más el texto que la representación. Y, del mismo modo que en los demás géneros, el centro de sus obras son sus preocupaciones continuas: Dios, la muerte, la existencia, etc. Entre sus dramas se encuentran Fedra, El otro, o Raquel encadenada.

Su lenguaje, en toda su creación literaria, al igual que su propia vida, es el de un luchador; expresivo, forzado e intenso.